Me resulta gracioso leer en algunos sitios las infinitas críticas que le están cayendo a Cristiano Ronaldo estos días por la 'espaldinha' que protagonizó el domingo pasado en el derbi contra el Atlético.
Desde que llegara a Madrid la temporada pasada, Cristiano no ha dejado de ser noticia una semana sí y otra también, siempre seguido de cerca por los medios, que analizan todos sus movimientos con lupa y hablan de él hasta el aburrimiento.
Si hay algo que caracteriza a este jugador es su fuerte personalidad tanto dentro como fuera del campo, una forma de ser que no admite escala de grises. O es blanco, o es negro. O te gusta, o no te gusta. Ambas opciones son totalmente válidas, pero el problema está cuando utilizamos esta óptica para juzgarle no sólo como persona, sino también como futbolista.
Sin lugar a dudas, Cristiano Ronaldo es un futbolista excepcional, con unas condiciones físicas y técnicas que están al alcance de muy pocos, y eso hace que frecuentemente nos deje detalles de calidad que algunos quieren tachar de chulería.
No creo que lo que Cristiano hizo el domingo deba interpretarse como una provocación, sino como un detalle más de su tremenda calidad, igual que la cola de vaca de Ronaldinho contra el Zaragoza, o la 'lambretta' de Djalminha ante el Madrid. Se me ocurren cantidad de acciones como estas, todas ellas espectaculares y dignas de admirar.
Por eso no comprendo el doble rasero con el que se valora a Cristiano, diferente al resto de jugadores. Si Iniesta mete un caño, hace dos bicicletas y la pasa es un jugadón porque es un buen chico, si lo hace Ronaldo está mal porque es un chulo.
Ya está bien de desprestigiar a este jugador, que a pesar de sus defectos es uno de los mejores del mundo. Le pese a quien le pese.
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